La verdad incómoda de las donaciones de ropa

La verdad incómoda de las donaciones de ropa

Donar ropa suele estar asociado a hacer el bien. Nos deshacemos de prendas que ya no usamos con la esperanza de que alguien más pueda aprovecharlas. Sin embargo, detrás de esta acción aparentemente generosa, se esconde una realidad compleja que muchas veces ignoramos.

¿A dónde va realmente la ropa donada?

En muchos países, especialmente en contextos de sobreproducción textil, los centros de acopio y organizaciones benéficas reciben más ropa de la que pueden manejar. Se estima que menos del 20% de la ropa donada en países como México, Estados Unidos o Reino Unido termina siendo utilizada localmente. El resto se revende, se exporta a países del Sur Global, o se desecha en vertederos.

Impactos negativos en otras comunidades

Cuando toneladas de ropa usada llegan a países en vías de desarrollo, afectan gravemente las economías textiles locales. Mercados como los de Ghana o Haití han reportado pérdidas significativas en su industria de confección debido al influjo masivo de ropa extranjera, lo que genera dependencia, pérdida de empleos locales y contaminación.

¿Y la ropa en mal estado?

La ropa que ya no puede reutilizarse suele terminar en incineradores o en rellenos sanitarios. Algunas empresas procesan textiles para convertirlos en trapos industriales o relleno, pero el proceso no siempre es sostenible ni cubre toda la demanda.

¿Qué podemos hacer?

  • Donar con intención: Verifica que la ropa esté limpia, en buen estado y que el centro receptor tenga la capacidad de canalizarla correctamente.
  • Explora alternativas: Apps de segunda mano, trueques, reparación, reciclaje textil o incluso el arte con prendas viejas.
  • Investiga a dónde donas: No todas las organizaciones operan con transparencia. Elige aquellas con trazabilidad comprobable.

Vestir con conciencia también es donar con propósito.

Entender el impacto de nuestras acciones es el primer paso para transformar el sistema.

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